*****Como no estoy escribiendo estos días, se me ocurrió aportar cuentos cortos que me quedaron en la memoria, que me gustaron mucho. Este es uno que corresponde al libro "Las Doradas manzanas del Sol".A mi me encantó.Espero que lo disfruten*****
LA FRUTA EN EL FONDO DEL TAZÓN
RAY BRADBURY
William Acton se incorporó. El reloj sobre la chimenea dio las doce de la noche.
Se miró las manos y miró el cuarto a su alrededor y miró al hombre que yacía en el piso. William
Acton cuyos dedos habían apretado teclas de máquinas de escribir y hecho el amor y freído jamón
con huevo en tempranos desayunos, había ahora cometido un crimen con los mismos dedos
verticilados.
Nunca había pensado en ser escultor, y sin embargo, en este momento, mirando entre sus manos
el cuerpo tendido en el pulido piso de madera, advirtió que apretando, retorciendo, remodelando de
algún modo la arcilla humana, había transformado a este hombre llamado Donald Huxley, le había
cambiado la cara y hasta la forma del cuerpo.
Con un leve movimiento de los dedos había borrado el particular brillo de los ojos grises de
Huxley, y lo había reemplazado con la ciega opacidad de un ojo helado en su órbita. Los labios,
siempre rosados y sensuales, se habían levantado para mostrar los dientes equinos, los incisivos
amarillos, los caninos manchados de nicotina, los molares con incrustaciones de oro. La nariz, antes
también rosada, era ahora veteada, pálida, descolorida, como las orejas. Las manos de Huxley, sobre
el piso, estaban abiertas, y por primera vez suplicaban y no exigían.
Sí, era una obra de arte. En conjunto, el cambio había favorecido a Huxley. La muerte lo había
transformado en un hombre más tratable. Ahora uno podía hablar con él, y él tenía que escuchar.
William Acton se miró los dedos.
Estaba hecho. No podía retroceder. ¿Lo había oído alguien? Escuchó. Afuera continuaban los
ruidos normales del tránsito tardío. Nadie golpeaba la puerta de la casa, ningún hombro intentaba
transformarla en leña, ninguna voz exigía entrar. Había cometido el asesinato, había enfriado la
arcilla, y nadie lo sabía.
¿Ahora qué? El reloj había dado las doce de la noche. Todos sus impulsos estallaban en una
histeria que lo arrastraba hacia la puerta. Apresúrate, corre, no vuelvas nunca, salta a un tren, llama a
un taxi, vete, corre, camina, pasea, ¡pero aléjate de aquí!
Las manos se le movieron ante los ojos, flotando, volviéndose.
Las torció y retorció con lentitud, deliberadamente; parecían aéreas, livianas como plumas. ¿Por
qué las miraba de ese modo?, se preguntó a sí mismo. ¿Había algo en ellas de inmenso interés, de
modo que debía hacer una pausa, luego de una exitosa estrangulación, y examinarlas verticilo por
verticilo?
Eran manos comunes. Ni gruesas, ni flacas; ni largas, ni cortas; ni velludas, ni desnudas; poco
cuidadas y sin embargo limpias; poco blandas y sin embargo sin callos; sin arrugas y sin embargo
tampoco lisas; nada criminales y sin embargo tampoco inocentes. Parecía como si fuesen milagros
que debía mirar.
Pero no le interesaban las manos como manos, ni los dedos como dedos. En la entumecida
intemporalidad que había seguido a la violencia, sólo le interesaban las puntas de los dedos.
El tictac del reloj sonaba sobre la chimenea.
Se arrodilló junto al cuerpo de Huxley, sacó un pañuelo del bolsillo de Huxley, y limpió con él el
cuello de Huxley. Frotó y masajeó el cuello y restregó la cara y la nuca con feroz energía. Luego se
incorporó.Miró el cuello. Miró el piso pulido. Se inclinó lentamente, y sacudió el polvo con el pañuelo. En
seguida frunció el ceño y frotó el piso. Primero, cerca de la cabeza del cadáver; después, cerca de los
brazos. Limpió cuidadosamente el piso hasta un metro alrededor del cadáver. Luego limpió el piso
hasta dos metros alrededor del cadáver. Luego limpió el piso hasta tres metros alrededor del cadáver.
Luego...
Se detuvo.
En un momento le pareció ver toda la casa, las paredes con espejos, las puertas talladas, los
espléndidos muebles, y tan claramente como si la repitieran palabra por palabra oyó la charla que
habían tenido Huxley y él mismo sólo hacía una hora.
Un dedo en el timbre de Huxley. La puerta de Huxley se abre.
¾¡Oh! ¾dice Donald Huxley sorprendido¾. Eres tú, Acton.
¾¿Dónde está mi mujer, Huxley?
¾¿Piensas que te lo diré realmente? No te quedes ahí, idiota. Si quieres discutir el asunto, entra.
Por esa puerta. Allí, en la biblioteca.
Acton había tocado la puerta de la biblioteca.
¾¿Bebes?
¾Un trago. Lo necesito. No puedo creer que Lily se haya ido, que ella...
¾Ahí hay una botella de borgoña, Acton. ¿No te importa sacarla del armario?
Sí, sácala. Tómala. Tócala. La había tocado.
¾Hay algunas primeras ediciones interesantes allí, Acton. Mira esa encuadernación, siéntela.
¾No vine a ver libros. Yo...
Había tocado los libros y la mesa de la biblioteca y la botella de borgoña y los vasos de borgoña.
Ahora, en cuclillas junto al frío cuerpo de Huxley, con el pañuelo en los dedos, inmóvil, miró la
casa, los muros, los muebles de alrededor, con los ojos cada vez más abiertos, la mandíbula caída,
asombrado por lo que había hecho y lo que veía. Cerró los ojos, dejó caer la cabeza, arrugó el
pañuelo entre las manos, apelotonándolo, mordiéndose los labios.
Las huellas digitales estaban en todas partes, ¡en todas partes!
¾¿No te importa traer el borgoña, Acton, eh? ¿La botella de borgoña, eh? ¿Con tus dedos, eh?
Estoy terriblemente cansado. ¿Entiendes?
Un par de guantes.
Antes de hacer nada más, antes de limpiar otra área, debía conseguir un par de guantes. O
imprimiría otra vez su identidad, sin darse cuenta.
Se metió las manos en los bolsillos. Caminó por la casa, hasta el paragüero, las perchas. El abrigo
de Huxley. Dio vuelta los bolsillos.
No había guantes.
Otra vez con las manos en los bolsillos, subió las escaleras, moviéndose con una medida rapidez,
no permitiéndose a sí mismo ningún frenesí, ningún desorden. Había cometido el error inicial de no
llevar guantes (pero, después de todo, no había planeado un asesinato, y su subconsciente, que podía
haber anticipado el crimen, ni siquiera le había insinuado que debía ponerse guantes antes que
terminara la noche), de modo que ahora tenía que pagar su pecado de omisión. En alguna parte en la
casa debía haber un par de guantes. Tenía que apresurarse. Era posible que alguien visitase a Huxley,
aun a esta hora. Amigos ricos que venían a beber o habían bebido en otra parte, que reían, gritaban,
iban y venían sin un hola ni un adiós. Podía ocurrir en cualquier momento, y a las seis de la mañana
los amigos de Huxley vendrían a buscarlo para ir al aeropuerto y viajar a la ciudad de México...Acton corrió en el piso de arriba abriendo cajones, usando el pañuelo como un secante. Abrió
setenta u ochenta cajones en seis cuartos, dejándolos, podría decirse, con la lengua afuera, corriendo
a abrir otros. Se sentía desnudo, imposibilitado de hacer algo hasta que tuviera los guantes. Podía
fregar toda la casa con el pañuelo, pasándolo por todas las superficies donde había dejado quizá sus
huellas digitales y luego accidentalmente tocar una pared aquí o allí, ¡sellando de ese modo su
propio destino con un retorcido símbolo microscópico! ¡Sería como poner su estampilla de
aprobación al crimen, eso sería! Como aquellos sellos de cera de los viejos días cuando se abrían los
crujientes papiros, se hacían florecer las tintas, se espolvoreaba todo con arena, y se apretaban al pie
los anillos de sello mojados en caliente cera roja. ¡Así sería si dejaba una sola, debía recordarlo, una
sola huella digital en la escena! Aunque aprobara el crimen no podía llegar al extremo de ponerle un
sello.
¡Más cajones! No pierdas la cabeza, mira bien, ten cuidado, se dijo a sí mismo.
En el fondo del cajón ochenta y cinco encontró unos guantes.
¾¡Oh, Señor, Señor!
Cayó contra el escritorio, suspirando. Se probó los guantes, los alzó, los flexionó orgullosamente,
los abotonó. Eran suaves, grises, gruesos, impermeables. Podía hacer cualquier cosa ahora sin dejar
huellas. Se llevó el pulgar a la nariz ante el espejo de la alcoba, chasqueando la lengua.
¾¡No! ¾gritó Huxley.
Qué plan malvado había sido.
Huxley había caído al piso, ¡a propósito! ¡Oh, qué hombre perversamente listo! Huxley había
caído en el piso de madera, arrastrando a Acton. ¡Habían rodado dando golpes y manotazos en el
piso, estampando y estampando frenéticas huellas digitales! Huxley había conseguido alejarse unos
pocos centímetros, ¡y Acton se había arrastrado detrás para echarle las manos al cuello y apretárselo
hasta que la vida salió de él como pasta que sale de un tubo!
Con los guantes puestos, Acton volvió a la sala, y se arrodilló en el piso, y se puso laboriosamente
a la tarea de limpiar cada maldito centímetro infectado. Luego se acercó a una mesa y frotó una pata,
subiendo a lo largo de las molduras. Llegó arriba y tropezó con un tazón de fruta de cera. Pulió la
plata filigranada, sacó las frutas y las limpió dejando sólo la del fondo.
¾Estoy seguro de no haberlas tocado ¾dijo.
Luego se encontró con un cuadro enmarcado que colgaba encima de la mesa.
¾Ciertamente, no he tocado eso ædijo.
Se quedó mirándolo.
Lanzó una ojeada a todas las puertas de la sala. ¿Qué puertas había abierto esa noche? No podía
recordarlo. Límpialas todas, entonces. Empezó con los pestillos, hasta que resplandecieron, y luego
restregó las puertas de la cabeza a los pies. No podía correr riesgos. Luego revisó todos los muebles
de la sala y limpió los brazos de los sillones.
¾Esa silla en que estás sentado, Acton, es una vieja pieza Louis XIV. Siente ese material ¾dijo
Huxley.
¾¡No vine a hablar de muebles, Huxley! Vine por Lily.
¾Oh, vamos, no puedes tomarte el asunto tan en serio. Ella no te quiere, ya sabes. Me dijo que
irá conmigo a México, mañana.
¾¡Tú y tu dinero y tu condenado mobiliario!
¾Es un hermoso mobiliario, Acton. Tócalo, interpreta bien tu papel de huésped.
Podían descubrirse huellas digitales en los tapizados.¾¡Huxley! ¾William Acton miró fijamente el cadáver¾. ¿Sospechaste que iba a matarte? ¿Lo
sospechó tu subconsciente, como el mío? ¿Y te dijo tu subconsciente que me hicieses correr por la
casa tomando, tocando, acariciando libros, platos, puertas, sillas? ¿Eras tan inteligente y tan
perverso?
Limpió todos los sillones y sillas con el apretado pañuelo. Luego recordó el cuerpo. Se inclinó
sobre él y lo frotó primero por este lado, luego por este otro, bruñendo todas sus superficies. Hasta
lustró los zapatos, gratis.
Mientras lustraba los zapatos, un leve estremecimiento de preocupación le pasó por la cara. Al fin
se levantó y se acercó a la mesa.
Sacó y pulió la fruta de cera del fondo del tazón.
¾Mejor así ¾murmuró, y volvió al cuerpo.
Pero cuando se inclinaba hacia el cuerpo, pestañeó, y le tembló la mandíbula. Se incorporó y se
acercó otra vez a la mesa.
Frotó el marco del cuadro.
Mientras frotaba el marco del cuadro descubrió...
La pared.
¾Eso ¾dijo¾ es tonto.
¾¡Oh! ¾gritó Huxley, rechazando a Acton. Lo empujó mientras luchaban, y Acton cayó
tocando la pared, y corrió otra vez hacia Huxley. Estranguló a Huxley. Huxley murió.
Acton dejó resueltamente la pared, trastabillando. Los gritos y la acción se apagaron en su mente.
Miró las cuatro paredes.
¾¡Ridículo! ¾dijo.
De reojo vio algo en una pared.
¾Me niego a mirar ¾dijo para distraerse a sí mismo¾. ¡Ahora la próxima habitación! Seré
metódico. Veamos... Estuvimos en el vestíbulo, la biblioteca, esta sala, el comedor y la cocina.
Había una mancha en la pared, detrás.
Bueno, ¿había una mancha o no?
Se volvió enojado.
¾Muy bien, muy bien, sólo para estar seguro.
Se acercó y no pudo encontrar ninguna mancha. Oh, una muy pequeña, sí, allí. La borró. De todos
modos no era una huella digital. Terminó de borrarla, y su mano enguantada se apoyó en la pared, y
miró la pared y cómo se extendía a la derecha y a la izquierda, y por encima de su cabeza y hasta sus
pies.
¾No ¾dijo suavemente.
Miró hacia arriba y hacia abajo y de costado y dijo en voz baja:
¾Eso sería demasiado.
¿Cuántos metros cuadrados?
¾Me importa un bledo ¾dijo.
Pero, como desconocidos, sus dedos enguantados se movían ya sobre la pared.
Espió la mano y el empapelado del muro. Miró por encima del hombro el otro cuarto.
¾Debo ir allá y limpiar lo más importante ¾se dijo, pero la mano se quedó allí, como para
sostener la pared, o sostenerlo a él. Se le endureció la cara.
Sin una palabra empezó a fregar el muro, hacia arriba y abajo, hacia arriba y abajo, hacia adelante
y atrás, arriba y abajo, arriba estirándose en puntillas de pies, abajo inclinándose todo lo posible.
¾¡Ridículo, oh, Señor, ridículo!
Pero debes estar seguro, le dijo su pensamiento.¾Sí, uno tiene que estar seguro ¾replicó.
Terminó con una pared, y entonces...
Se acercó a otra pared.
¾¿Qué hora es?
Miró el reloj de la chimenea. Había pasado una hora. Era la una y cinco.
Sonó el timbre de calle.
Acton se endureció, clavando los ojos en la puerta, el reloj, la puerta, el reloj.
Alguien golpeaba ruidosamente.
Pasó un largo rato. Acton no respiraba. Le faltó el aire y empezó a caer, tambaleándose. En su
cabeza rugió un silencio de olas frías que rompían como truenos en pesadas rocas.
¾¡Eh, ahí adentro! ¾gritó una voz de borracho¾. ¡Sé que estás ahí, Huxley! ¡Abre, maldito! Es
el chico Billy, borracho como una cuba! Huxley, viejo compañero, más borracho que dos cubas.
¾Vete ¾murmuró Acton silenciosamente, apretado contra la pared.
¾Huxley, estás ahí, te oigo respirar ¾gritó la voz borracha.
¾Sí, estoy aquí ¾murmuró Acton, sintiéndose largo y tendido y torpe en el piso, torpe y frío y
mudo¾. Sí.
¾¡Demonios! ¾dijo la voz perdiéndose en la niebla. Las pisadas se apagaron¾. Demonios...
Acton se quedó tendido un tiempo sintiendo que el rojo corazón le golpeaba en los ojos cerrados,
en la cabeza. Cuando al fin abrió los ojos, vio la limpia pared que se alzaba ante él. Al cabo de un
rato se animó a hablar:
¾Tonterías ¾dijo¾. Esa pared no tiene una mancha. No la tocaré. Apresúrate. Apresúrate. No
hay tiempo, tiempo. ¡Sólo faltan unas pocas horas para que lleguen esos condenados amigos!
Se dio vuelta alejándose.
Vio de reojo las telas de araña. Cuando les volvió la espalda, las arañas salieron de la madera y
tejieron delicadamente sus frágiles telas casi invisibles. No en la pared de la izquierda, que acababa
de limpiar, sino en las otras tres que aún no había tocado. Cada vez que las miraba directamente, las
arañas se metían en las grietas de la madera, y salían cuando él se alejaba.
¾Estas paredes están bien ¾insistió casi gritando¾. ¡No las tocaré!
Se acercó a un escritorio donde Huxley había estado sentado. Abrió un cajón y sacó lo que
buscaba. Una pequeña lupa que Huxley usaba a veces para leer. Tomó la lupa y fue hasta la pared,
incómodo.
Huellas digitales.
¾¡Pero éstas no son mías! ¾Acton rió nerviosamente¾. ¡Yo no las puse ahí! ¡Estoy seguro!
¡Un sirviente, un mayordomo, quizá una mucama!
La pared estaba llena de huellas.
¾Mira ésta ¾dijo¾. Larga y afilada, de mujer. Apostaría todo mi dinero.
¾¿Apostarías?
¾¡Apostaría!
¾¿Estás seguro?
¾¡Sí!
¾¿Realmente?
¾Bueno..., sí.
¾¿Absolutamente?
¾¡Sí, maldita sea, sí!
¾Bórrala de todos modos, ¿por qué no?¾¡Allá va, Dios mío!
¾Fuera con esa condenada mancha, ¿eh, Acton?
¾Y esta otra de al lado ¾se mofó Acton¾. Es la huella de un hombre gordo.
¾¿Estás seguro?
¾¡No empieces otra vez! ¾estalló Acton, y la borró.
Se sacó un guante y alzó la mano, temblando, a la luz deslumbrante.
¾¡Mira, idiota! ¿Ves cómo van los verticilos? ¿Ves?
¾¡Eso no prueba nada!
¾¡Oh, bueno, bueno!
Rabioso, frotó la pared de arriba a abajo, de derecha a izquierda, con las manos enguantadas,
sudando, gruñendo, jurando, doblándose, incorporándose, con una cara cada vez más encendida.
Se sacó la chaqueta y la puso en una silla.
¾Las dos ¾dijo, terminando la pared, mirando el reloj.
Se acercó al tazón de la mesa y sacó las frutas de cera y frotó la del fondo y la puso otra vez en su
sitio y frotó el marco del cuadro.
Miró la araña de luces.
Los dedos se le retorcieron a los lados del cuerpo.
Se le abrió la boca y la lengua se le movió sobre los labios y miró la araña y apartó los ojos y miró
otra vez la araña y miró el cuerpo de Huxley y luego la araña con sus largas perlas de cristal de arco
iris.
Trajo una silla y la puso bajo la lámpara y apoyó un pie en el tapizado y lo bajó y arrojó la silla
violentamente, riéndose, a un rincón. Luego salió corriendo del cuarto dejando una pared sin limpiar.
En el comedor se acercó a la mesa.
¾Quiero mostrarte mi cuchillería gregoriana, Acton ¾había dicho Huxley. ¡Oh, aquella voz
casual e hipnótica!
¾No tengo tiempo ¾dijo Acton¾. Tengo que ver a Lily...
¾Tonterías, observa esta plata, esta exquisita orfebrería.
Acton se detuvo junto a la mesa donde se alineaban las cajas de cubiertos, oyendo una vez más la
voz de Huxley, recordando cuántas veces los había tocado.
Fregó los tenedores y cucharas, y descolgó de la pared todos los platos decorativos y todas las
cerámicas especiales...
¾Mira esta hermosa pieza de cerámica de Gertrude y Otto Nazler, Acton. ¿Conoces sus trabajos?
¾Es hermosa.
¾Tómala. Dala vuelta. Mira la hermosa delgadez del tazón, trabajado a mano en la mesa
giratoria, fino como una cáscara de huevo, increíble. ¿Y el asombroso lustre volcánico? Tómalo,
adelante. No me importa.
Tómalo. Adelante. ¡Recógelo!
Acton sollozó en forma entrecortada. Lanzó la pieza contra la pared. La cerámica se hizo trizas
desparramándose en copos por el piso.
Un instante después Acton estaba de rodillas. Había que encontrar todos los pedazos, todos los
fragmentos. ¡Tonto, tonto, tonto!, se gritó a sí mismo, sacudiendo la cabeza y cerrando y abriendo
los ojos y metiéndose debajo de la mesa. Encuentra todos los pedazos, idiota, no hay que olvidar uno
solo. ¡Tonto, tonto! Los juntó. ¿Están todos? Los puso sobre la mesa, ante él. Miró otra vez debajo
de la mesa y debajo de las sillas y los aparadores y gracias a la luz de un fósforo encontró otro
fragmento más y se puso a frotar cada fragmento como si fuesen piedras preciosas. Los dejó
ordenadamente Sobre la brillante mesa pulida.¾Una hermosa pieza de cerámica, Acton. Adelante..., tócala.
Acton sacó los manteles y servilletas y los frotó, y frotó las sillas y mesas y pestillos y ventanas y
anaqueles y cortinas, y frotó el piso y entró en la cocina, jadeando, respirando violentamente, y se
sacó el chaleco y se ajustó los guantes y frotó los cromos resplandecientes...
¾Te mostraré mi casa ¾dijo Huxley¾. Ven...
Y Acton limpió todos los utensilios y los grifos de bronce y las ollas, pues ahora ya no recordaba
qué cosas había tocado y cuáles no. Huxley y él habían estado un rato aquí en la cocina. Huxley
orgulloso de su batería, ocultando su nerviosidad ante la presencia de un potencial asesino, quizá
queriendo estar cerca de los cuchillos, que podía necesitar... Habían estado un rato allí, tocando esto,
aquello, alguna otra cosa, no podía recordar qué o cuánto o cuántas veces. Acton terminó con la
cocina y cruzó el vestíbulo y entró otra vez en la sala donde yacía Huxley.
Acton gritó.
¡Había olvidado la cuarta pared! Y Mientras se había ido, las arañas habían salido de la cuarta
pared sucia y habían corrido por las paredes limpias, ensuciándolas otra vez! En el cielo raso, desde
el candelero, en los rincones, en el piso, ¡un millón de tejidas telas se estremeció con su grito!
Mínimas, mínimas telas, no más grandes qué, irónicamente, tu dedo...
Mientras Acton miraba, otras telas aparecieron sobre el marco del cuadro, el tazón de fruta, el
cadáver, el piso. Las huellas cubrían el cortapapeles, los cajones abiertos, la superficie de la mesa,
huellas, huellas, huellas en todo, en todas partes.
Acton frotó el piso furiosamente, furiosamente. Hizo rodar el cuerpo y lloró sobre él mientras lo
limpiaba, y se incorporó y se acercó a la mesa, y limpió la fruta en el fondo del tazón. Luego puso
una silla bajo la lámpara, y se subió a la silla y limpió cada llama colgante, sacudiéndola como una
pandereta de cristal, hasta que la llama sonó como una campanilla. Luego saltó de la silla y frotó los
pestillos y se subió a otras sillas y refregó las paredes más arriba y corrió a la cocina y sacó una
escoba y quitó las telas de araña del cielo raso y limpió la fruta en el fondo del tazón y lavó el cuerpo
y los pestillos y la platería y encontró la barandilla de la escalera y siguió la barandilla hasta el
primer piso.
¡Las tres! En todas partes, con una furiosa y mecánica intensidad sonaban los relojes. Había doce
cuartos abajo y ocho arriba. Imaginó los metros y metros de espacio y tiempo que necesitaba. Cien
sillas, seis sillones, veintisiete mesas, seis radios. Y abajo y arriba y detrás. Separó los muebles de
las paredes, y sollozando, les sacó el polvo de muchos años atrás, y se tambaleó y siguió la
barandilla hacia arriba, sosteniéndose, borrando, fregando, puliendo, pues si dejaba una sola huella
se reproduciría, y habría otra vez un millón de huellas. Habría que repetir el trabajo, ¡y ya eran las
cuatro! Le dolían los brazos y se le habían hinchado los ojos que se clavaban fijamente en todas las
cosas, y se movía pesadamente, sobre piernas extrañas, cabizbajo, moviendo los brazos, frotando y
restregando, dormitorio por dormitorio, armario por armario...
Lo encontraron a las seis y media de la mañana.
En el altillo.
La casa entera resplandecía. Los floreros brillaban como astros de vidrio. Las sillas parecían
barnizadas. Los hierros, los bronces y los cobres relucían. Los pisos chispeaban. Las barandillas
centelleaban.
Todo fulguraba, todo destellaba. ¡Todo era brillante!
Lo encontraron en el altillo frotando los viejos baúles y los viejos marcos y las viejas sillas y los
viejos juguetes y cajas de música y floreros y cubiertos y caballos de madera y monedas polvorientas
de la guerra civil. Acababa de limpiarlo todo cuando el oficial de policía entró con un revólver.
¾¡He terminado!Cuando dejaba la casa, Acton frotó con su pañuelo el pestillo de la puerta de calle y cerró con un
portazo triunfal.
F I N
Título Original: The Fruit at the Bottom of the Bowl © 1953.
Edición Digital de Arácnido.
Revisión 2.
Mi vida para mí.
Ya pasé la etapa de los blogs públicos, llevo como treinta.Sin embargo jamás hice mi propio blog, uno que hable un poco de mí, de mi historia, mis amores y desamores, mis viajes, mis poemas, mis relatos, mis amigos, las cosas que me gustan.Por eso quiero inaugurar esta especie de Diario íntimo-aunque tal vez no tanto-. Simplemente para escribir lo que sienta, lo que quiero, lo que me sale, lo que Soy. "Escribir para mí y por mí". Bienvenido a mi PC blog amigo, aquí charlaremos juntos de tanto en tanto-ya que soy furtiva e inconstante-.
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
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7.7.11
14.11.10
La Isla de las tres sirenas, Irving Wallace. Un sueño.
Estuve intentando buscar la descripción del libro para aportarla, pero fue inutil. Claro, el libro no es actual. Sin embargo, fue otro de los libros que me dejó un sabor maravilloso en el alma y en la cabeza.La Isla de las tres sirenas-a mi juicio ya que vi alguna crítica-, es una historia jugosa, profunda y atrapante. Lamentablemente, la letra no es tan grande como en los libros actuales pero vale la pena. Si tengo que clasificarlo le pongo cinco estrellas. Y aquí incluyo absolutamente todo, hasta las obscenidades. Es una invitación a volar en busca de la utopía, de un paraíso soñado, allí las islas que no figuran en ningun mapa y que se rigen por sus propias escalas de valores, sus atípicas instituciones y Consejeros.
Totalmente alejadas de la Civilización, sus habitantes encontraron el valor más grande de la vida, el secreto de la felicidad. Libres de prejuicios y condicionamientos.
Allí cae un grupo de profesionales algo hastiados de la vida y sus presiones y les cambia la existencia, las ideas y los pasados rotundamente.
Para mí, un precedente de Wallace al romper con infinidad de creencias y costumbres.
Un personjae para recordar, Moreturi.
Besos a todos.
Etiquetas:
Libros,
Mis gustos
2.8.10
Tus Zonas erroneas, Wayne Dyer. MI BIBLIA

Sin desmerecer a ninguno de los miles de escritores de libros de Auto-Ayuda, quiero impulsarlos a leer el mejor libro que cayó en mis manos. EL PRIMERO, EL PRECURSOR,EL MEJOR.
Voy a pegar una parte del mismo, pueden encontrarlo para leer On-line.Honestamente, ningun libro posterior tiene punto de comparación. Yo lo leí tres veces, es maravilloso a pesar de su onda medio yankee en la manera.
TUS ZONAS
ERRÓNEAS
Wayne W. Dyer
www.capitalemocional.com
2
Para Tracy Lynn Dyer
Te amo de ese modo especial que describo en estas páginas.
Toda la teoría del universo está dirigida infaliblemente hacia un solo individuo, y ése eres Tú.
Walt Whitman
ÍNDICE
Introducción
Un testimonio personal
1. Haciéndote cargo de ti mismo
2. El primer amor
3. Tú no necesitas la aprobación de los demás
4. La ruptura con el pasado
5. Las emociones inútiles: culpabilidad y preocupación
6. Explorando lo conocido
7. Rompiendo la barrera de los convencionalismos
8. La trampa de la justicia
9. Terminando con las postergaciones ahora mismo
10. Proclama tu independencia
11. Adiós a la ira
12. Retrato de una persona que ha eliminado todas las zonas erróneas
INTRODUCCIÓN
UN TESTIMONIO PERSONAL
Un orador se dirigió a un grupo de alcohólicos decidido a demostrarles, de una vez por todas, que alcohol
era el peor de los males. Sobre su mesa en el estrado tenía lo que a simple vista parecían ser dos vasos llenos
de un líquido transparente. Explicó que uno estaba lleno de agua pura y que el otro estaba lleno de alcohol sin
diluir, también puro. Colocó un pequeño gusano en uno de los vasos y los presentes pudieron observar cómo
éste nadaba por la superficie dirigiéndose hacia el borde del vaso, entonces se deslizó tranquilamente hasta
llegar arriba. Luego el orador cogió el mismo gusano y lo colocó en el vaso lleno de alcohol. El gusano se
desintegró a la vista de todos. "Ahí tienen" -dijo el orador-. ¿Qué les parece? ¿A qué conclusiones llegan?, Una
voz, proveniente del fondo de la habitación dijo muy claramente: "A mí lo que me parece es que si uno bebe
alcohol no tendrá nunca gusanos". Este libro tiene muchos "gusanos" en el sentido de que oirás y percibirás
exactamente lo que quieres oír basándote en muchos de tus propios valores, creencias, prejuicios e historia
personal. Es difícil y delicado a la vez escribir sobre el comportamiento autofrustrante. El mirarte a ti mismo en
profundidad con intenciones de cambiar puede ser algo que dices que te interesa hacer, pero a menudo tu
comportamiento demuestra lo contrario. Es difícil cambiar. Si eres como la mayoría de la gente, hasta las fibras
más íntimas de tu ser se resistirán a emprender el duro trabajo que significa eliminar los pensamientos que
sirven de apoyo a tus sentimientos y conducta autoalienatorios. Pero a pesar de los "gusanos", yo creo que te
va a gustar este libro. ¡A mí me encanta! Y gocé escribiéndolo. Si bien no creo que se deba hablar sobre las
enfermedades mentales con ligereza, tampoco creo que debieran ser tratadas sin humor, ni con un lenguaje
arcaico y lleno de misterio. He tratado de evitar las explicaciones complicadas, principalmente porque no creo
que "ser feliz" sea un asunto complejo.
El estado de salud es un estado natural, y los medios para lograrlo están dentro de las posibilidades de
cada uno de nosotros. Personalmente creo que una combinación bien equilibrada de trabajo, reflexión, humor y
confianza en sí mismo son los ingredientes que se necesitan para vivir una vida eficiente. Yo no creo en las
fórmulas fantasiosas o en las excursiones históricas para adentrarse en tu pasado personal y descubrir que el
"paso de los pañales al retrete" fue hecho en forma torpe y brusca y que otras personas son las responsables
de tu infelicidad.
Este libro esboza un procedimiento agradable de alcanzar la felicidad; un procedimiento que se basa en ser
responsable de uno mismo, en comprometerse con uno mismo, además de las ganas de vivir y un deseo de
ser todo lo que quieras ser en este momento. No se trata de un procedimiento complicado, sino de sentido
común. Si eres un ser humano sano y feliz, es posible que pienses: "Yo podría haber escrito este libro". Tienes
razón. Tú no necesitas una preparación profesional ni un doctorado en las profesiones psicoterapéuticas para
comprender los principios de una vida eficiente. Eso no se aprende en una sala de clases ni en un libro. Eso se
3
aprende comprometiéndose con la propia felicidad y haciendo algo para lograrla. En esto trabajo yo todos los
días, a la vez que trato de ayudar a que los demás se decidan por una alternativa similar.
Cada capítulo de este libro está escrito como si fuera una sesión de psicoterapia. Escogí esta forma para
proporcionar la mayor cantidad posible de oportunidades de autoayuda. Se explora una zona errónea en
particular, o el tipo de comportamiento autodestructivo, y se examinan los antecedentes históricos de este
comportamiento en nuestra cultura (o sea, en ti mismo). El objetivo es ayudarte a comprender }por qué} estás
atrapado en esta zona de autoderrota. Luego se detallan los comportamientos específicos que corresponden a
esta zona errónea. Los tipos de comportamiento a que nos referimos son actos cotidianos que pueden parecer
perfectamente aceptables pero que en realidad son perjudiciales para la propia felicidad. No doy ejemplos de
casos clínicos con perturbaciones emocionales graves, sino más bien se puntualizan los diarios mensajes
neuróticos que todos emitimos. Después de observar los comportamientos en las zonas erróneas, pasamos a
examinar las }razones} que impulsan a aferrarse a comportamientos que malogran la felicidad. Esto implica
observar seriamente y con atención el sistema de apoyo psicológico que te has construido para mantener este
comportamiento de autofrustración, en vez de abandonarlo. Esta sección trata de contestar las siguientes
preguntas: "¿Qué saco yo con este comportamiento?" y "¿Por qué persisto si me perjudica?". Al examinar cada
zona errónea seguramente notarás que cada una de las secciones de "retribución" tiene mensajes similares.
Descubrirás que las razones para conservar el comportamiento neurótico son bastante coherentes y se
encuentran presentes en todas las zonas erróneas. Esencialmente es más seguro aferrarse a una respuesta
conocida, aun cuando sea autodestructiva. Además puedes eliminar el cambio y asumir responsabilidades si
mantienes intactas tus zonas erróneas. Estas retribuciones de confianza y seguridad serán evidentes a lo largo
de todo el libro. Empezarás a ver que tu sistema de mantenimiento psicológico funciona para mantenerte ajeno
a la culpabilidad y para neutralizar tus oportunidades de cambio. El hecho de que mantengas muchos
comportamientos de autoderrota por el mismo motivo sólo hace que el crecimiento total sea más posible.
Elimina estas razones y destruirás tus zonas erróneas.
Cada capítulo termina proporcionando una estrategia directa para eliminar este comportamiento
autoneutralizador. Esta estructura corresponde exactamente a la de una sesión de psicoterapia; es decir, un
estudio del problema y su exteriorización, un examen del comportamiento negativo; una percepción insight y
profunda del "porqué" del comportamiento; y, por último, la formulación de estrategias concretas que eliminan
la zona conflictiva.
Ocasionalmente este método puede parecer repetitivo. Es una buena señal (una señal de pensamiento
efectivo). Yo he trabajado muchos años como psicoterapeuta. Sé muy bien que el pensamiento efectivo (el
pensamiento que puede modificar el comportamiento autodestructivo) no aparece simplemente porque se ha
dicho algo al respecto. Una percepción insight y en ese sentido, debe ser repetida una y otra vez. Sólo
entonces, cuando está completamente aceptada y comprendida, puedes empezar a modificar el
comportamiento autodestructivo. Por este motivo, ciertos temas se deben machacar una y otra vez en las
páginas de este libro, igual que deben sacarse a relucir una y otra vez en sesiones sucesivas de psicoterapia.
Hay dos temas centrales que aparecen repetidamente a lo largo de este libro. El primero tiene que ver con tu
capacidad de decisión acerca de tus propias emociones. Empieza a examinar tu vida a la luz de las decisiones
que tomaste o que dejaste de tomar. Esto te hará responsable de lo que eres y de lo que sientes. Para llegar a
ser más feliz y más eficiente tendrás que tomar conciencia de las posibilidades de opción que se encuentren a
tu alcance. TU ERES LA SUMA TOTAL DE TUS OPCIONES, y yo estoy lo suficientemente "lanzado" como
para creer que CON LA MOTIVACIÓN APROPIADA Y EL ESFUERZO NECESARIO, TÚ PUEDES SER LO
QUE TE PROPONGAS.
El segundo tema que se pondrá de manifiesto en estas páginas es el de hacerte cargo de tu momento
presente. Son palabras que reaparecerán muchas veces. Es un elemento esencial para eliminar tus zonas
erróneas y crear tu felicidad. Solamente existe un momento en el que puedes experimentar algo y ese
momento es ahora; sin embargo se desperdicia mucho tiempo en rememorar el pasado y pensar en el futuro.
Dedicar la actualidad, el ahora, a una plena satisfacción es la piedra fundamental de la vida positiva, y
virtualmente todos los comportamientos autodestructivos (zonas erróneas) son esfuerzos por vivir un tiempo
que no es el presente.
Se hará hincapié en las opciones y el momento presente en casi todas las páginas de este libro. Con una
lectura atenta, pronto te harás preguntas que no se te habían ocurrido antes. "¿Por qué escojo estar molesto
en este momento?" y "¿Cómo puedo emplear de forma más positiva este mismo momento?" son los
interrogantes interiores que se formula la persona que se está alejando de las zonas erróneas y se dirige hacia
la felicidad y la confianza en sí misma.
Este libro termina con el breve retrato de una persona que ha eliminado todas las zonas erróneas y que vive
en un mundo emocional controlado internamente en vez de externamente. Las veinticinco preguntas siguientes
han sido elaboradas para medir tu capacidad de elegir tus propias realización y felicidad. Respóndelas lo más
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objetivamente posible y evalúate a ti mismo y a tu actual manera de vivir. Las respuestas que sean afirmativas
indican dominio de sí mismo y buena capacidad decisoria.
1. ¿Crees que piensas por ti mismo? (Capítulo 1)
2. ¿Eres capaz de controlar tus sentimientos? (Capítulo 2)
3. ¿Tus motivaciones son interiores o exteriores? (Capítulo 7)
4. ¿Te has liberado de la necesidad de aprobación? (Capítulo 3)
5. ¿Eres tú quien establece tus propias reglas de conducta? (Capítulo 7)
6. ¿Te has liberado de tu necesidad de justicia y equidad? (Capítulo 8)
7. ¿Puedes aceptarte tal como eres y evitar los reproches? (Capítulo 2)
8. ¿Estás libre de la necesidad del "culto al héroe"? (Capítulo 8)
9. ¿Eres un hacedor o un crítico ? (Capítulo 9)
10. ¿Te atrae lo misterioso y lo desconocido? (Capítulo 5)
11. ¿Puedes evitar describirte a ti mismo empleando términos absolutos? (Capítulo 4)
12. ¿Puedes quererte a ti mismo todo el tiempo? (Capítulo 10)
13. ¿Puedes tomarte tu propio descanso? (Capítulo 10)
14. ¿Has eliminado todas las relaciones de dependencia? (Capítulo 10)
15. ¿Has eliminado de tu vida las acusaciones e imputaciones? (Capítulo 7)
16. Has logrado dejar de sentirte culpable? (Capítulo 5)
17. ¿Eres capaz de evitar preocuparte por el futuro ? (Capítulo V)
18. ¿Puedes dar y recibir amor? (Capítulo 2)
19. ¿Puedes evitar la ira paralizante en tu vida? (Capítulo 11 )
20. ¿Has eliminado las tácticas postergatorias como estilo de vida? (Capítulo 9)
21. ¿Has aprendido a fracasar eficientemente? (Capítulo 6)
22. ¿Puedes gozar y disfrutar de algo espontáneamente? (Capítulo 6)
23. ¿Puedes apreciar el humor y crearlo? (Capítulo 1)
24. ¿Te tratan los demás como quisieras que te traten? (Capítulo 10)
25. ¿Estás motivado por tu potencial de crecimiento y desarrollo o por la de reparar tus deficiencias?
(Capítulo 1)
En cualquier momento dado de tu vida, puedes elegir contestar afirmativamente todas estas preguntas si
estás dispuesto a rechazar muchos "tendría" y "debería" que has aprendido en el transcurso de tu vida. La
verdadera opción radica en decidir ser personalmente libre o permanecer encadenado a las expectativas que
los demás tienen de uno mismo.
Una amiga mía, Doris Warshay, escribió un poema después de escuchar una de mis conferencias. Me lo
dedicó y lo tituló (Nuevos rumbos.)
Yo quiero viajar lo más lejos posible
Quiero alcanzar la alegría que hay en mi alma,
Y cambiar las limitaciones que conozco
Y sentir como crecen mi espíritu y mi mente.
Yo quiero vivir, existir, "ser",
Y oír las verdades que hay dentro de mí.}
Confío que este libro te ayudará a eliminar cualquier "gusano" o "anteojera" que pudiera impedirte el goce de
nuevas y hermosas experiencias y también a descubrir y escoger tus nuevos rumbos.
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20.2.10
18 SEGUNDOS de SHUMAN, GEORGE . Un librito que te corta el aliento.

Sherry Moore, una bella joven ciega, posee una extraña facultad: puede "ver" los últimos dieciocho segundos de la mente de un muerto con sólo tocar el cadáver. El violador y asesino serial Earl Sykes nunca fue encarcelado por sus crímenes sino por un accidente de tránsito. Treinta años después, sale de prisión y regresa a Wildwood para lanzarse a una escalofriante cacería de mujeres con el fin de someterlas a sus perversos juegos letales.
Vengo leyendo libros a rolete. Mis favoritos son las novelas con bases de realidad pero también me encanta el suspenso. Compré este libro por casualidad y se los recomiendo si quieren meterse en un mundo sórdido, lleno de situaciones que cortan la respiración y te hacen decir de tanto en tanto.....Qué horror.¡¡¡-hasta que reconocés que la realidad actual supera bastante el horror de un libro. Una historia policial llena de personajes extraños pero que conviven a diario con nosotros y desempeñan esas actividades que nunca nos pusimos a pensar que existen. Es tan morboso como atrapante. Muy bueno.
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11.10.09
* Crisis* de Robin Cook. Un libro muy bueno para mi gusto.

Cuatro días antes de casarse, Jack Stapleton, médico forense de Nueva York, recibe una llamada desesperada de su hermana: su marido, médico prestigioso, va a ser procesado por negligencia profesional y necesita su ayuda. A pesar de la mala relación que mantiene con su hermana y la poca simpatía que le inspira su arrogante y frío cuñado, Jack viaja a Boston con la intención de pasar un solo día allí. Sin embargo, el caso es mucho más complicado de lo que imaginaba. Aun sabiendo que pone su propia boda en juego, Jack reclama la exhumación del cadáver del paciente supuestamente murió a causa del descuido de su cuñado. Jack está trabajando a contrarreloj para salvar al marido de su hermana de esta acusación cuando descubre algo que jamás hubiera podido imaginar…
Tal vez este libro se asemeje a los tiempos de Los grandes Novelistas. Al principio no resulta carismático sino un poco frio, sus personajes son demasiado yankees en actitudes y rutina, pero llegando al capítulo 4, en el que va apareciendo Jack, se convierte en una novela excelente con todos los condimentos. Realidad, suspenso, acción y un muy buen Juicio-me encantan los alegatos-.Hay dos personajes que me cautivaron,Jack Stapleton y Tony Fassano, un abogado. Me lo leí en lumbociatalgia obligada y en la próxima les recomiendo una "joyita" que estoy leyendo ahora.
4.9.09
Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued. Muy bueno...¡¡¡

Hola amigos, estoy engripada desde hace unos días-no porcina-, pero eso me provoca desgano para tipear. Sin embargo, entre el dolor general y decaimiento que trae la gripe-sumado al de mi amiga fibromialgia-, se da la situación perfecta para leer. Bien, así como comenté antes que Waslala no me atrapó para nada, éste libro que hoy aporto me parece Muy bueno.Dinámico, fácil de leer, tiene suspenso,personajes tiernos y perversos a la vez , un clima sombrío constantemente y bastante minimalista a mi juicio. Se los recomiendo, lo leí en cuatro veces, o sea, en un tris.
Resumen del libro
Centarti está hundido en la nada. Sin trabajo ni propósito, pasa sus días encerrado viendo la televisión y fumando porros. Una tarde recibe la llamada de un desconocido que le informa de que su madre y su hermano han sido asesinados a escopetazos. Viaja a Lapachito, el derruido pueblo donde vivía su madre, para hacerse cargo de los cadáveres. Opaca, lacónica y por momentos brutal como sus personajes, Bajo este sol tremendo probablemente comparta territorio con algunas películas de los hermanos Coen. Es una novela poderosa, sin reflexiones psicológicas ni demasiados datos concretos del porqué de la anestesia emocional de sus protagonistas. Construida sólo desde el relato de las acciones de estos outsiders casi absolutos, no hay guiños generacionales ni discursos éticos o políticos sobre la tortura, el crimen, la culpa, el vacío existencial o la historia reciente del país. Y, sin embargo, estos temas asoman en la trama, golpeando la narración como chocan los insectos contra el parabrisas de los coches que conducen Centarti, Duarte y Danielito en sus viajes a la nada, atravesando las rutas amenazantes de la negra provincia.
Resumen del libro
Centarti está hundido en la nada. Sin trabajo ni propósito, pasa sus días encerrado viendo la televisión y fumando porros. Una tarde recibe la llamada de un desconocido que le informa de que su madre y su hermano han sido asesinados a escopetazos. Viaja a Lapachito, el derruido pueblo donde vivía su madre, para hacerse cargo de los cadáveres. Opaca, lacónica y por momentos brutal como sus personajes, Bajo este sol tremendo probablemente comparta territorio con algunas películas de los hermanos Coen. Es una novela poderosa, sin reflexiones psicológicas ni demasiados datos concretos del porqué de la anestesia emocional de sus protagonistas. Construida sólo desde el relato de las acciones de estos outsiders casi absolutos, no hay guiños generacionales ni discursos éticos o políticos sobre la tortura, el crimen, la culpa, el vacío existencial o la historia reciente del país. Y, sin embargo, estos temas asoman en la trama, golpeando la narración como chocan los insectos contra el parabrisas de los coches que conducen Centarti, Duarte y Danielito en sus viajes a la nada, atravesando las rutas amenazantes de la negra provincia.
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30.8.09
" Waslala" de Gioconda Belli- es bueno pero no me atrapó.

Waslala, 1996. Melisandra balancea sus piernas sobre el río que corre lentamente junto a la hacienda de su abuelo. Aguarda, con la calma propia de los habitantes de Fagua, la llegada anual de los contrabandistas que traerán las últimas noticias del mundo. Pero, esta vez, un forastero desconocido le propone a Melisandra emprender juntos la aventura con la siempre soñó: encontrar Waslala, el paraíso en cuya búsqueda se perdieron sus padres, un lugar que parece haberse esfumado dejando tan sólo la huella sutil de un ideal imposible, un sueño maravilloso grabado en el recuerdo de unos pocos.
En esta nueva novela, Gioconda Belli, celebrada autora de La mujer habitada, recrea con vigorosa voz uno de los mitos que acompañan al hombre desde el origen del pensamiento: la búsqueda de la Utopía.
En esta nueva novela, Gioconda Belli, celebrada autora de La mujer habitada, recrea con vigorosa voz uno de los mitos que acompañan al hombre desde el origen del pensamiento: la búsqueda de la Utopía.
Y bien, me gusta leer y para mi cumpleaños decidí regalarme Libros. Hacía mucho que no leía porque hoy, internet reemplaza nuestros momentos de ocio. No estaba al tanto de los Best Sellers ni de nuevos autores.Como soy impaciente, me fui con Marcelo a la Boutique del Libro.Justo era época de libros para colegio y la gente en el local no me dejaba concentrar. Los vendedores habían desaparecido y si enganchabas a alguno de casualidad, simplemente te señalaba que fueras a la góndola de allá, esa que está al lado de...y arreglate sola. Cuando voy a comprar algo soy rápida. Tiene que atraparme el título-de quien sea-y después leo salteado de qué trata.Si me va, miro si tiene letras grandes y capítulos cortos.Entre los ocho que me compré, así compulsivamente, encontré éste de Gioconda Belli. Y la realidad es que lo compré porque me pintaba un poco a La Isla de las tres sirenas-que me fascinó hace años y me lo devoré en dos días-. Pero este libro me costó.No pongo en duda el talento de la escritora, pero a mi gusto le faltaron tres cosas.Dinamismo, pasión y "carisma" en los personajes principales. Melisandra no me hizo mella ni minimamente. Y en mi caso, si no me encandila la personalidad del personaje principal, no puedo involucrarme en la historia. El libro debe ser bueno, con seguridad. Pero a mí me costó terminar de leerlo.
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15.8.09
Verde Oscuridad, un libro que marcó mi cabeza.

Siempre me consideré una mujer muy romántica. Me seducía que me regalaran flores o me dedicaran poesías. El hombre que mi fantasía había forjado, debía ser un gran romántico, de esos que mueren por amor, de esos que corren riesgos, en una palabra, pura utopía. También tenía una fantasía, yo no la consideraba ni la considero insana, me atrapaban las grandes historias de amor entre mujeres comunes y religiosos, esos que tenían vedado el amor hombre-mujer. En una palabra, me gustaban las sotanas. Era como un desafío, pero un Gran desafío. Poner al hombre en la encrucijada de elegir entre Dios o el amor terrenal. Siempre despertaron mi curiosidad aquellos hombres que eligieron el celibato, indagaba en los por qué, pensaba que algo había detrás, los veía misteriosos,inalcanzables. Y por supuesto me lo cuestionaba todo el tiempo. ¿ Cómo podía ser tan casquivana ?.No un profesional, no un artista, no un soldado...Sí un Cura, un sacerdote, un Monje negro. Tal vez-me decía-, en mi vida pasada habría vivido una historia de ese tenor.A eso tengo que sumarle que la música sacra me provocaba sensaciones extrañas. Ergo: O había amado a un religioso o había sido uno de ellos que había sufrido por transgredir mi voto de castidad. Algo hubo, así lo siento.
Un día cayó en mis manos el Libro Verde Oscuridad de Anya Seton. Ese libro movilizó mi mente y mi fantasía al extremo de sentir que era yo quien había vivido esa historia. Yo lo había vivido-como decimos muchas veces-. Yo era Celia-que también era de Géminis en la historia-y Sthepen el hombre al que había amado. Ese libro hablaba de alguna de mis vidas pasadas.
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